Encuentro entre corazón y cerebro 3.

Tu corazón, sentimental al fin y al cabo, se siente conmocionado. ¡Él mismo sujeto de la emoción y no sólo su detector o amplificador! Es la primera vez que tu cerebro le habla y que él responde. El reconocimiento lo llena de satisfacción; eso lo convierte en su igual y le da una nueva motivación, ‘motivos personales’, para esforzarse y cumplir con su propósito, además de los puramente deterministas de ser un corazón y latir porque sí, porque la evolución, la fisiología y un programa genético lo han decidido de esta forma.

—También yo —asegura, conteniendo a duras penas su euforia— entre latido y latido, he comenzado a presentir tu presencia de otra forma. Sabía que estabas ahí, ¿cómo no saberlo? El que piensa en la distancia, el que condiciona nuestras funciones y toma las decisiones… Pero siempre parecías ausente y ocupado en los asuntos de fuera. Pensar debe ser eso, según creo, convertir los estímulos del exterior en materia interior, entender el mundo, influir en él tal vez, o desear hacerlo. ¿No te parece?

Esa reflexión halaga y a la vez impresiona al cerebro. A pesar de todos sus buenos propósitos se siente henchido de orgullo por el reconocimiento recibido, pero la lucidez del corazón lo desarma. Empieza a sentir admiración sincera por ese compañero incansable que en la oscuridad de su estancia no sólo hace un trabajo imprescindible, sino que careciendo de ojos, de oídos, de lengua, da muestras de tales signos de clarividencia.

—Sí, sí a todo ­—replica, retórico impenitente, el cerebro tratando de devolver al corazón toda la simpatía que éste le suscita—. Es evidente que te he subestimado. Pensar es exactamente eso, querido compañero, mirar hacia fuera y ver hacia dentro, pero sólo desde hace muy poco he comenzado a mirar y a pensar hacia dentro, tal vez también a querer influir. O a desearlo, así que tal vez he pensado mucho menos de lo que creía. Aunque hay más formas de pensamiento que las introspectivas, o al menos una preponderante en las relaciones entre individuos, y esa es el pensamiento lógico. Lo que he empezado a comprender desde hace muy poco es que ese pensar hacia dentro no es sólo preocupación por la salud o la seguridad, ni ansiedad por el dolor que podemos llegar a recibir. Se trata más bien de una toma de conciencia, de cómo sé que soy, de qué significa ser cuando miras hacia dentro y luego miras hacia fuera… Ha sido en ese cruce de miradas dentro/fuera cuando te he encontrado.

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